Primero lo primero: sí, el squirt existe.
Durante muchos años incluso hubo profesionales que dudaban de su existencia, pero hoy sabemos que el squirt es un fenómeno real que algunas personas con vulva pueden experimentar durante o cerca de un momento de alta excitación sexual.
Consiste en la expulsión de líquido a través de la uretra que puede presentarse como unas pocas gotas o como un chorro mucho más abundante. Ambas formas son manifestaciones de lo mismo y están bien.
Y aunque no existe una única manera de experimentarlo, suele ocurrir durante una estimulación intensa y sostenida de la pared anterior de la vagina, una zona donde se encuentra el llamado complejo clitorouretral, que incluye el clítoris interno, la uretra y las glándulas de Skene. En muchas personas, esta estimulación se combina con la del clítoris externo y un alto nivel de excitación, lo que puede favorecer la aparición del squirt.
¿De dónde viene la palabra?
La palabra inglesa squirt significa literalmente "chorro" o "rociar un líquido a presión".
Con el auge de internet y del cine para adultos durante los años noventa y dos mil, el término comenzó a utilizarse casi exclusivamente para describir este fenómeno durante la excitación sexual.
Hoy es probablemente una de las palabras más buscadas cuando se habla de placer femenino.
La pregunta del millón: ¿es pipí?
Probablemente esta sea la mayor discusión científica sobre el tema. Y la respuesta más honesta no es tan simple.
Diversas investigaciones han encontrado que el líquido expulsado puede contener componentes similares a la orina, pero también sustancias producidas por las glándulas parauretrales, conocidas como glándulas de Skene. Estas glándulas han sido descritas por algunos investigadores como el equivalente femenino de la próstata.
Un estudio publicado en The Journal of Sexual Medicine observó mediante ecografías que la vejiga suele llenarse antes del squirt y vaciarse inmediatamente después. Sin embargo, los análisis del líquido también detectaron marcadores prostáticos, como el antígeno prostático específico (PSA), lo que sugiere que no se trata simplemente de orina.
En otras palabras: La ciencia sigue investigando y probablemente aún nos falten respuestas.
¿Todas las personas pueden tener squirt?
No. Y aquí está uno de los mensajes más importantes:
No existe evidencia que indique que todas las personas con vulva puedan experimentarlo.
Así como algunas personas alcanzan orgasmos muy fácilmente y otras necesitan más tiempo o distintos estímulos, el squirt también se presenta con una enorme variabilidad.
Algunas personas lo viven con frecuencia, otras una vez en la vida y otras muchas, nunca.
El gran responsable del mito tiene triple X
Si hoy pareciera que el squirt es un requisito para validar el placer femenino, buena parte de esa idea viene del porno.
La industria pornográfica encontró en el squirt un recurso visual muy potente. Porque el orgasmo femenino no siempre tiene señales externas evidentes, en cambio, un gran chorro de líquido sí.
El problema es que muchas escenas exageran el fenómeno, utilizan técnicas específicas para producirlo o incluso recurren a efectos preparados para aumentar el impacto visual.
Lo que vemos en pantalla no representa necesariamente lo que ocurre en la vida cotidiana.
Y mucho menos debería convertirse en un estándar.
El squirt no es un orgasmo
Este es otro mito muy frecuente. Aunque pueden ocurrir al mismo tiempo, el squirt y el orgasmo no son exactamente lo mismo.
Hay personas que tienen squirt sin experimentar un orgasmo y muchísimas otras tienen orgasmos intensos durante toda su vida sin haber tenido nunca un squirt.
No existe una relación obligatoria entre ambos fenómenos.
Lo que realmente sabemos sobre el placer
Hay una idea que -para este tema y para otros- vale la pena repetir: No existe una única manera de responder sexualmente. Cada cuerpo expresa el placer de formas distintas.
Algunas personas tiemblan, otras lloran, a otras les da risa, algunas tienen squirt y otras no.
Todas esas expresiones son válidas.
Cuando el objetivo reemplaza al placer
Aquí aparece uno de los riesgos más frecuentes. Muchas parejas comienzan a perseguir el squirt como si fuera un trofeo. Y cuando el objetivo pasa a ser "lograrlo", el placer suele quedar en segundo plano.
Y es que el erotismo florece cuando existe curiosidad y juego, no cuando transformamos el sexo en una lista de metas por cumplir.
Y pocas cosas generan tanta presión como sentir que hay que demostrar algo.
Entonces... ¿vale la pena intentarlo?
Si existe curiosidad, consentimiento y ganas de explorar, por supuesto. Pero no porque sea un nivel superior del placer, ni porque convierta a alguien en mejor amante, ni porque haga el que el sexo sea más exitoso.
Simplemente porque explorar también puede ser divertido.





