Existe una imagen bastante instalada sobre cómo debería verse el sexo: Dos personas perfectamente sincronizadas, movimientos impecables, miradas intensas. Nada de tropiezos ni interrupciones y, -por supuesto-, nada de risas.
Pero la vida real rara vez se parece a una película. A veces una posición sale mal, a veces alguien se golpea la cabeza con el velador o a veces, simplemente, algo resulta tan absurdo que termina provocando carcajadas.
La pregunta es: ¿reírse durante el sexo arruina el momento?
La ciencia y los especialistas parecen estar de acuerdo en algo: NO.
Y es que el sexo perfecto no existe. La sexóloga estadounidense Emily Nagoski lleva años insistiendo en una idea fundamental: "El contexto importa más que cualquier técnica."
Y dentro de ese contexto, sentirse relajado, seguro y libre de juicio juega un papel enorme en nuestra respuesta sexual.
Cuando intentamos que todo salga perfecto, aparece la presión y cuando aparece la presión, el placer suele ser una de las primeras víctimas.
¿Por qué nos reímos?
La palabra "risa" proviene del latín risus, que significa precisamente "acción de reír".
Desde la psicología evolutiva, la risa se entiende como una herramienta social que ayuda a generar confianza, disminuir tensiones y fortalecer vínculos.
No es casualidad que solemos reír más con las personas que nos hacen sentir seguras.
Y justamente esas son algunas de las condiciones que favorecen una vida sexual satisfactoria.
Lo que ocurre en el cerebro cuando nos reímos
La risa activa múltiples regiones cerebrales relacionadas con el placer y el bienestar.
Además, favorece la liberación de neurotransmisores como la dopamina y endorfinas, sustancias asociadas al placer, la recompensa y la reducción del estrés.
La psicóloga y experta en relaciones Esther Perel ha señalado en diversas ocasiones que el erotismo necesita espacio para el juego, la curiosidad y la espontaneidad.
Y pocas cosas representan mejor el juego compartido que una carcajada inesperada.
Lo que dicen los estudios
Un estudio publicado en la revista Personal Relationships encontró que el humor compartido se asocia con mayores niveles de satisfacción en la relación y una percepción más positiva de la conexión emocional entre las parejas.
Otras investigaciones han mostrado que las personas suelen valorar el sentido del humor como una de las características más atractivas en una pareja potencial.
Y aunque el humor por sí solo no garantiza una buena vida sexual, sí parece contribuir a generar un clima de confianza que favorece la intimidad.
Cuando la risa ayuda al placer
Muchas personas llegan a la intimidad cargando inseguridades sobre su cuerpo, sobre su desempeño o con la duda acerca de si están haciendo las cosas "bien".
La risa tiene una capacidad única para romper esa tensión.
Porque cuando dos personas pueden reírse juntas de un momento incómodo, suelen recordarse mutuamente algo muy importante: Que están ahí para disfrutar, no para rendir examen.
Pero ojo: una cosa es reírse juntos y otra muy distinta es reírse del otro. Y aquí es donde existe una diferencia fundamental.
El humor puede fortalecer la intimidad cuando nace desde la complicidad, pero puede dañarla cuando aparece desde la burla, la crítica o la humillación.
No es lo mismo reírse porque ambos se enredaron en las sábanas que reírse del cuerpo, o de las inseguridades de otra persona.
La primera experiencia genera conexión, la segunda puede generar vergüenza.
El sexo real suele ser mucho más divertido de lo que creemos
Existe una tendencia cultural a presentar la sexualidad como algo solemne y perfectamente controlado. Pero cuando las personas describen sus encuentros más memorables, muchas veces aparecen elementos inesperados:
Risas, momentos absurdos, improvisación y mucha complicidad.
El humor como forma de intimidad
La investigadora Brené Brown ha planteado que la vulnerabilidad es uno de los ingredientes fundamentales de la conexión humana, y pocas cosas nos vuelven más vulnerables que el sexo. Quizás por eso reír juntos en ese contexto puede resultar tan poderoso.
Porque implica mostrarnos tal como somos: Imperfectos y humanos (y lo suficientemente cómodos como para no tener que aparentar).
Cuando existe confianza, complicidad y libertad para ser uno mismo, la risa deja de interrumpir el momento y pasa a formar parte de él.





