Durante mucho tiempo hubo una especie de mapa bastante limitado del placer: genitales por aquí, boca por allá y más atrás, una enorme zona marcada con un letrero que decía “ no entrar”.
El ano y la zona que lo rodea tienen una importante sensibilidad nerviosa y para muchas personas, su estimulación puede resultar muy placentera. Una de las maneras de explorarla es el llamado beso negro, también conocido como anilingus o rimming: la estimulación de la zona anal con la boca y la lengua.
Primero: ¿de dónde salió eso de “anilingus”?
La práctica seguramente tiene bastante más historia que su nombre científico, aunque reconstruir una cronología del sexo anal -y particularmente del contacto oral-anal- sería difícil porque durante siglos muchas prácticas sexuales no reproductivas fueron omitidas, condenadas o agrupadas bajo categorías amplísimas.
Lo que sí podemos rastrear con mayor certeza es la palabra.
Anilingus proviene del latín anus y lingere, que significa lamer. Curiosamente, el término es bastante moderno: Merriam-Webster sitúa su primer uso conocido en inglés en 1949.
Quizás aquí habría algo interesante sobre nuestra historia sexual: que una práctica no aparezca mucho en los libros no significa necesariamente que las personas no la realizaran. Muchas veces significa que no se hablaba de ella.
¿Por qué puede sentirse tan bien?
Porque el ano no sirve solamente para ir al baño.
Parece una obviedad, pero culturalmente hemos aprendido a asociar esta parte del cuerpo casi exclusivamente con la eliminación, la suciedad y la vergüenza. Y cuando una zona corporal queda atrapada durante siglos dentro de ese relato, cuesta empezar a pensarla también desde el placer.
Sin embargo, la región anal es sensible al tacto y puede formar parte del repertorio erótico de personas de cualquier sexo, género u orientación sexual.
¿Es una práctica rara?
Depende muchísimo de qué entendamos por “rara”.
Una encuesta australiana representativa encontró que menos del 5% de los participantes había practicado anilingus durante el año anterior. En cambio, otros estudios realizados en poblaciones específicas encuentran cifras considerablemente mayores.
Incluso existen investigaciones donde recibir estimulación oral-anal aparece en torno al 17% de las mujeres y 7% de los hombres de determinadas muestras. Pero nuevamente: esos datos no pueden extrapolarse automáticamente a toda la población.
O sea: hay gente viajando por esta ruta, pero no tenemos todavía un buen contador de pasajeros.
No estamos hablando de una rareza sexual inexplicable. Es simplemente una práctica más dentro del enorme repertorio de cosas que las personas adultas pueden disfrutar consensuadamente.
Si soy hombre y me gusta el beso negro ¿significa algo sobre mi orientación sexual?
No.
Una práctica sexual describe lo que haces o disfrutas, no determina automáticamente quién te atrae.
Esto vale especialmente para los hombres heterosexuales, porque alrededor del placer anal todavía sobreviven muchos prejuicios relacionados con masculinidad y orientación sexual.
Pero el cuerpo no tiene orientación sexual.
Ay! pero es una zona sucia, así que no debería producir placer…
Acá se mezclan dos conceptos diferentes: función corporal y capacidad erótica.
Sí, el ano forma parte del sistema digestivo y existe la posibilidad de contacto con microorganismos presentes en las heces. Eso requiere ciertos cuidados.
Pero de ahí no se desprende que sea una zona “incorrecta” para sentir placer.
Nuestro cuerpo está lleno de lugares con funciones que no son exclusivamente sexuales y que, aun así, pueden convertirse en zonas erógenas. La boca sirve para comer y hablar y nadie parece haber tenido problemas en incorporarla a los besos.
¿Cómo me protejo?
La barrera de látex: probablemente la celebridad menos famosa del sexo seguro.
Todos conocemos el preservativo, pero la barrera de látex -o dental dam- tiene bastante menos prensa.
Se trata de una lámina fina de látex o poliuretano que se coloca entre la boca y la vulva o el ano durante el sexo oral, reduciendo el contacto directo entre mucosas y fluidos. Se recomienda utilizar una nueva cada vez y mantenerla puesta durante toda la práctica.
Si no tienes una, puedes fabricarla a partir de un preservativo: se corta la punta, luego el aro de la base y finalmente se abre longitudinalmente para obtener una superficie rectangular.
Limpieza previa: para disfrutar sin estar pensando “¿y si pasa algo?”
Una de las mayores inseguridades frente al beso negro tiene que ver con algo muy humano: el miedo a los olores, restos o algún accidente inesperado. Y sí, estamos explorando una zona que cumple una función digestiva, así que esa preocupación es comprensible. Para la mayoría de las personas, una ducha previa y una limpieza externa cuidadosa con agua y un jabón suave es suficiente para sentirse más cómoda y segura; no es necesario realizar una limpieza interna profunda ni convertir la previa en un operativo sanitario. También ayuda ir al baño con anticipación si el cuerpo lo pide y, sobre todo, conversar con la otra persona. Porque aunque una buena higiene disminuye muchísimo las posibilidades de encontrarse con una “sorpresita”, ningún cuerpo viene con garantía de cero olores, fluidos o accidentes. Si algo ocurre, no significa que alguien hizo algo mal: se detienen, se limpian y deciden si quieren continuar. Quitarle dramatismo también es parte de disfrutar: queremos una zona limpia y cómoda, no hacer como si el ano jamás hubiera sido ano.
Ojo con los cambios de ruta
Supongamos que una pareja está explorando distintas zonas del cuerpo.
Todo muy entretenido hasta que alguien decide pasar directamente del ano a la vulva, vagina o boca sin limpieza ni cambio de barrera.
Ahí tenemos un pequeño problema logístico.
Las bacterias intestinales son absolutamente normales en su territorio. El problema aparece cuando les ofrecemos transporte gratuito hacia lugares donde no deberían estar.
Por eso una buena regla es sencilla: si cambias de zona, cambia o limpia lo que estuvo en contacto con el ano.
Eso incluye manos, juguetes y barreras. Se recomienda lavar los juguetes después de usarlos y las manos después del contacto anal. Porque: explorar sí, llevar bacterias de paseo, mejor no.
Ya pero, ¿por qué sigue siendo tan tabú?!
Probablemente porque en el beso negro confluyen varios de nuestros grandes temas pendientes: el ano, las heces, el placer no reproductivo, la masculinidad, la diversidad sexual y la idea cultural de qué partes del cuerpo son “sexuales” y cuáles supuestamente no deberían serlo.
Y los tabúes tienen una característica curiosa: no necesariamente eliminan las prácticas; muchas veces solamente eliminan las conversaciones sobre ellas y eso sí puede ser un problema.
Porque cuando una práctica existe pero nadie habla de ella, tampoco hablamos de consentimiento, prevención, higiene o placer.
Quizás la verdadera libertad sexual no consiste en querer recorrer tooodo el mapa de prácticas sexuales. Consiste en saber que existen muchos destinos posibles, poder elegir cuáles quieres visitar y sentirte completamente libre de decir:
“gracias, pero ese viaje no está en mis planes”.





