En 2006, Chile acababa de elegir a su primera Presidenta mujer. Mientras el país celebraba ese acontecimiento histórico, otra mujer se preparaba para mostrar un vibrador en televisión abierta.
Era Jane Morgan, fundadora de Japi Jane, quien por esos días todavía no tenía una tienda física. Armaba pedidos desde una pequeña oficina y organizaba reuniones de mujeres donde, entre copas de vino, curiosidad y risas nerviosas, aparecían sus famosos juguetes para grandes.
En una de sus primeras apariciones televisivas, Jane llevó sus productos al matinal de TVN, conducido entonces por Felipe Camiroaga y Tonka Tomicic.
Hoy puede parecer una anécdota divertida, pero para entender lo que significaba hay que recordar cómo era Chile hace 20 años.
Los juguetes sexuales todavía estaban asociados a lo clandestino, a la pornografía o a prácticas que muchas personas consideraban extravagantes. Hablar de masturbación femenina en público era poco (o nada) habitual y el placer de las mujeres rara vez protagonizaba las conversaciones sobre sexualidad.
Y, sin embargo, había curiosidad. Muchísima.
Quizás porque detrás de tantos años de silencios, prejuicios y educación sexual insuficiente había personas que querían conocer sus cuerpos, experimentar y, por qué no, pasarlo bien.
Así comenzó esta historia.
Y aunque sería bastante patudo atribuirnos la transformación de la sexualidad chilena, después de 20 años observando lo que ocurre dentro y fuera de nuestras tiendas, creemos que tenemos algunas cosas que contar.

2006–2012: Primero tuvimos que cambiar la mente
Durante los primeros años de Japi Jane, buena parte de nuestro trabajo consistía en desmontar ideas que parecían verdades absolutas.
Que el sexo era sinónimo de penetración, que los hombres siempre tenían ganas, que el tamaño importaba. Que las mujeres debían esperar a que alguien más les diera placer, que masturbarse era un sustituto de tener pareja o que después de cierta edad la sexualidad simplemente se acababa.
En esos años no bastaba con explicar cómo funcionaba un vibrador. Había que hablar del clítoris, de anatomía, de deseo y de todas esas cosas que muchas personas nunca habían aprendido.
Y además, detrás de la curiosidad aparecían miedos muy reales: miedo a ser diferente o a ser juzgado..
Ahí empezamos a entender algo importante:
Un juguete sexual podía hacer mucho más que producir un orgasmo. También podía abrir una conversación, cuestionar una creencia o ayudar a alguien a reconciliarse con su propio placer.
No era poca cosa para un país donde el divorcio fue legalizado recién en el año 2004.
O sea, solo 2 años antes de partir Japi Jane.
2013–2019: Del permiso para disfrutar al derecho a decidir
Con los años comenzaron a cambiar las preguntas.
Si al principio muchas personas querían saber si estaba bien utilizar juguetes sexuales, después empezaron a preguntar cuáles podían usar, cómo incorporar nuevas experiencias o de qué manera comunicar sus fantasías.
La curiosidad comenzó a ganarle terreno a la vergüenza.
Y la cultura popular también puso lo suyo. El fenómeno de Cincuenta sombras de Grey llevó las fantasías eróticas a las conversaciones cotidianas y, de paso, aumentó el interés por los productos de nuestra tienda que antes muchas personas ni siquiera se atrevían a mirar.
Por supuesto, descubrir nuevas prácticas no significaba necesariamente comprender mejor la sexualidad. Seguían existiendo mitos, expectativas irreales y una educación sexual que muchas veces no estaba a la altura de las preguntas.
Pero algo se estaba moviendo.
Mientras tanto, Chile vivía transformaciones sociales importantes. La aprobación del Acuerdo de Unión Civil en 2015, la creciente visibilidad de las diversidades sexuales y las movilizaciones feministas de 2018 contribuyeron a instalar conversaciones sobre autonomía, igualdad, consentimiento y derechos.
La sexualidad comenzó a discutirse también desde otra perspectiva.
Ya no se trataba solamente de la frecuencia ideal o de qué tan atrevidos éramos en la cama. Empezamos a preguntarnos si nuestras experiencias eran deseadas, satisfactorias, respetuosas y libres, si realmente conocíamos nuestro cuerpo, si podíamos expresar lo que queríamos o si sabíamos poner límites.
Y desde Japi Jane fuimos acompañando esas conversaciones con educación, información y una convicción que se transformó en una de nuestras consignas:
Hasta que el placer se haga costumbre.
2020–2026: ¿Y qué pasa con nuestro bienestar sexual?
Entonces llegó la pandemia.
Nos encerramos en nuestras casas, cambiaron nuestras rutinas y también nuestras relaciones.
Algunas parejas tuvieron que aprender a convivir permanentemente. Otras personas atravesaron largos períodos sin contacto físico. La intimidad, el deseo y la masturbación adquirieron nuevos significados en un contexto de incertidumbre, estrés y aislamiento.
Y mientras las compras por internet crecían, también aparecía una pregunta que iba mucho más allá de los juguetes sexuales: ¿Qué lugar ocupa realmente el placer en nuestras vidas?
En 2020 realizamos Nación Placer, una encuesta que reunió las respuestas de mil personas de entre 18 y 80 años a lo largo de Chile.
Los resultados nos hicieron pensar:
Solo un 11% declaró que el sexo estaba entre las actividades más placenteras de su vida y apenas un 14% señaló tener encuentros sexuales habitualmente placenteros.
El estrés, la falta de tiempo, la carga mental y la relación con la propia imagen corporal aparecían como factores relevantes en nuestras experiencias.
Habíamos avanzado mucho en hablar de sexo, pero eso no significaba necesariamente que estuviéramos disfrutándolo más y esa diferencia era fundamental.
Porque una sexualidad satisfactoria no depende solamente de incorporar nuevas prácticas, tener más encuentros o alcanzar más orgasmos, sino de vivir nuestras experiencias sin responder a expectativas ajenas. De encontrar el amor de tu vibra.
Durante estos últimos años, esa mirada se ha vuelto cada vez más importante para nosotras.
Hoy hablamos de deseo y sus cambios a lo largo de la vida, de diversidad corporal, de placer en la adultez mayor, de masculinidades, de salud sexual y de las distintas maneras de experimentar intimidad desde nuestra autenticidad.
También hemos visto evolucionar los juguetes sexuales hasta convertirse en dispositivos con tecnologías que hace 20 años en 2006 habrían parecido ciencia ficción.
Pero quizás el cambio más interesante no está en los productos, está en las preguntas que hoy nos atrevemos a hacer.
En 2024 publicamos Mi Propio Sutra, el primer libro sobre masturbación femenina en Chile junto a editorial Planeta.
Para nosotras, ese proyecto representó mucho más que la publicación de un libro.
Fue otra manera de poner el conocimiento del cuerpo, la autonomía y el placer femenino en el centro de la conversación.
Y también una forma de mirar hacia atrás y reconocer cuánto había cambiado el escenario desde aquellas primeras reuniones donde mostrar un vibrador provocaba risas nerviosas.
2026: Nos autoproclamamos Patrimonio Nacional del Placer
Este año Japi Jane cumple 20 años.
Dos décadas de juguetes sexuales, preguntas, conversaciones necesarias, primeras experiencias, descubrimientos y -esperamos- muchísimos orgasmos.
Y en esa historia, creemos que Japi Jane ha aportado algo.
No inventamos la masturbación, no descubrimos el clítoris y tampoco somos responsables de todos los cambios que ha experimentado nuestra sociedad.
Pero durante 20 años hemos trabajado para que el placer deje de ocupar un lugar escondido y se incorpore a la vida cotidiana como una dimensión legítima de nuestro bienestar.
Hemos intentado que preguntar no dé vergüenza, que la información sea accesible y que hablar de sexo pueda ser tan natural como hablar de cualquier otro aspecto importante de la vida.
Y también hemos defendido algo que a veces parece olvidarse en medio de tanta discusión seria: que la sexualidad puede ser una fuente de alegría, curiosidad, juego y diversión.
Por eso, para celebrar nuestras dos décadas, decidimos apropiarnos de esos títulos solemnes que habitualmente reservamos para los grandes hitos de nuestra historia.
Y autoproclamarnos, con orgullo (y un poquito de humor):
PATRIMONIO NACIONAL DEL PLACER
No tenemos decreto, monumento ni reconocimiento oficial que lo acredite, pero sí 20 años de historias que nos recuerdan por qué vale la pena seguir hablando de sexualidad.
Porque el patrimonio de un país no está compuesto únicamente por sus monumentos o tradiciones. También puede encontrarse en las conversaciones que transforman nuestra manera de entendernos, en los prejuicios que dejamos atrás y en las libertades que aprendemos a ejercer.
20 años haciendo de Chile un lugar más placentero.
Y si de algo estamos seguras, es de que todavía nos queda muchísimo por disfrutar.






