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Teoría del buen o mal amante

Teoría del buen o mal amante

He reflexionado mucho acerca de los factores que nos hacen concluir si alguien es buen o mal amante, y sin considerarme una lumbrera, he llegado a pensar igualito a Einstein: que todo es relativo.

La primera no vale como para diagnosticar. Es cierto que hay una sola oportunidad para causar una buena primera impresión, pero en los asuntos del romance, es difícil llegar a coincidir en todo al tiro. Entonces, un encuentro mediocre con alguien podría atribuirse a la torpeza propia del momento, a los nervios o a no conocer muy bien a nuestro partner.

Segundo y muy ligado a la idea anterior, es que la compatibilidad sexual se construye. Y con esto no quiero restarle crédito a los encuentros casuales, que sí tienen los suyo, pero el terreno del touch and go, es bien azaroso y es probable que en más de una oportunidad pasemos un mal rato. Entonces, con alguien con quien tenemos encuentros más frecuentes (ojo que ni siquiera estoy hablando de una relación seria) podemos entrenarnos mutuamente en los gustos de cada uno.

Con respecto a esto último, es importante recalcar que la sexualidad es algo diferente en cada uno, por lo que no existe una fórmula para convertirse en un buen amante. Para dar un ejemplo: hay personas que podrían aprender la performance completa de una película porno y no por eso tener un mejor desempeño.

¿Y si el problema no eres tú, soy yo? Porque es fácil echarle la culpa al otro cuando algo no sale bien. Porque un mal encuentro también puede ser responsabilidad mía. Porque el encuentro sexual también es emocional, entonces no es raro que pueda pillarnos en algún estado anímico confuso o medio débiles de espíritu, enojados, estresados o todas las anteriores.

Un aspecto en el que no me gusta mucho ahondar, ni penetrar, es en el tema genital. Uno, porque creo que sexo es mucho más que genitalidad y dos, porque si el tamaño importa o no importa a mi parecer es un dilema pasado de moda y una pregunta cuya respuesta nunca nos dejará conformes a todos.

Mi humilde parecer es bien "amarillo" en ese sentido. Según yo, el tamaño importa y no importa a la vez, como la canción: “según como se mire todo depende”. Aunque, desde la vereda de lo funcional del cuerpo, el tamaño no debiera importar. Puesto que el interior de la vagina posee pocas terminaciones nerviosas, entonces la penetración de por sí, con un pene grande o uno pequeño no resulta un gran estímulo para las mujeres. Sino que "está todo pasando afuera" directamente en el clítoris y sus alrededores.

Por otra parte, nuestro mapa erótico está construido y trazado por muchos factores, desde lo que como individuos únicos e irrepetibles nos calienta, lo que nos dicta la norma social y los medios, hasta lo que la política nos dice que debe parecernos o no provocador. Entonces, lo que culturalmente aprendimos y lo que nos significa hoy por hoy un pene grande es: virilidad, masculinidad y/o un buen amante.

Tampoco existe compatibilidad en los tamaños. No existe un pene adecuado para una vagina (o un ano). El éxito del encuentro sería directamente proporcional al actuar delicadamente, en el caso de estar frente a un pene demasiado grande o una vulva o vagina muy pequeña, para lograr una dilatación adecuada y un encuentro placentero.

Comodidad y confianza (igual que un zapato 16 hrs). He escuchado a muchas mujeres que dicen que no les gusta hacer algunas posiciones porque encuentran que se "ven mal" y terminan pasándolo mal también. Que a lo perrito se les caen las presas, que de espalda se les desparraman otras y así sucesivamente se restringen y se limitan. En la medida en que nos sintamos cómodos y confiados de nuestro cuerpo, es que podremos lograr mejor disfrute. Resuelto esto, mágicamente descubriremos que el mundo está lleno de más y mejores amantes.

Y para cerrar, no puedo exigirle a otro que sepa de mí lo que ni yo sé. Decir que las cosas no salieron bien porque la otra persona no "adivinó" lo que me gusta es ridículo y tampoco vale. El panorama se vuelve más prometedor cuando tengo conocimiento de mis preferencias y puedo comunicarlas. No se trata de dar instrucciones como dirigiendo el tránsito, pero sugerir lo que nos agrada mejora considerablemente la ejecución del otro.

Ideas que podríamos considerar antes de dictar una sentencia rotunda. ¿Analizar un poco más o ser menos críticos?

 


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